La fábula del viento y el sol: por qué el duelo no se fuerza

Rayos de sol que atraviesan las nubes al atardecer

De todas las fábulas de Esopo, hay una que me ayuda especialmente a explicar cómo se acompaña a alguien que sufre una pérdida: la fábula del viento y el sol. Es muy breve, y cada vez que la escucho me imagino al doliente cubierto con la capa que ha construido para protegerse del dolor.

En este artículo te la cuento, te explico su moraleja y lo que enseña sobre el duelo, tanto si lo estás viviendo como si acompañas a alguien que lo vive.

La fábula del viento y el sol

Un día el viento y el sol discutían sobre cuál de los dos era más fuerte. En ese momento vieron a un viajero que caminaba por el camino, cubierto con una capa.

—Tengo una idea —le dijo el sol—: el que consiga que ese hombre se quite la capa será el más fuerte.

—De acuerdo —respondió el viento—. Empezaré yo.

El viento comenzó a soplar con todas sus fuerzas. Sopló y sopló, cada vez más fuerte. Pero cuanto más soplaba, más se sujetaba el viajero la capa al cuerpo para protegerse del frío. Finalmente, el viento se dio por vencido.

Entonces el sol empezó a brillar suavemente. Poco a poco, sus rayos calentaron al viajero, que comenzó a sentir calor. El sol brilló con mayor intensidad hasta que el hombre, sintiéndose acalorado, decidió quitarse la capa y continuar su camino.

El sol había ganado.

La moraleja

La suavidad y la amabilidad pueden conseguir lo que la fuerza y la violencia no logran.

La capa del doliente

Quien atraviesa una pérdida también se cubre con una capa. La construye, muchas veces sin darse cuenta, para protegerse del sufrimiento y del dolor que la pérdida le ha causado. Y esa protección le es indispensable, por ahora, para sobrevivir emocionalmente.

Detrás de esa capa suele haber algo que todavía no puede mostrarse:

  • Detrás de una actitud de desolación puede haber miedo a enfrentar la vida sin el ser querido.

  • Detrás de una necesidad excesiva de control puede haber una historia de inseguridad ante el futuro.

  • Detrás de la ira puede existir una herida que la persona no sabe cómo expresar.

  • Detrás de la culpa puede haber un malentendido o un asunto que quedó sin hablar.

Por eso, pedirle a quien está en duelo que abandone su capa sin comprender para qué le sirve puede sentirse como una nueva amenaza. Es lo que hace el viento: cuanto más sopla, más fuerte se agarra el viajero a lo que lo protege.

Acompañar con calor, no con viento

Mi tarea como acompañante en el dolor no es arrancarle la capa a quien se la ha puesto, quizá de manera inconsciente, sino ayudarle a descubrir por qué la necesita.

En terapia, el calor del sol puede representar la escucha, la empatía, la aceptación y el respeto al propio proceso de duelo. Todo eso da la seguridad emocional que proporciona una relación de confianza.

Cuando una persona se siente escuchada sin ser juzgada, puede empezar a mirar aquello que antes necesitaba ocultar. Cuando deja de sentirse amenazada por la mirada del otro, quizá ya no necesite defenderse con tanta intensidad.

En el acompañamiento no se eliminan las defensas por la fuerza. Es mejor ayudar a comprender para qué han servido, qué protegen y qué precio se paga por mantenerlas. Quien está en duelo necesita descubrir, poco a poco, que ya no está en el mismo peligro que vivió en el pasado. Entonces puede empezar a desprenderse, por sí mismo, de aquello que antes le resultaba indispensable.

El cambio profundo no consiste en que el paciente obedezca al terapeuta, sino en que desarrolle la libertad interior para comprenderse y elegir otra manera de reinventarse la vida después de la pérdida.

Si estás en duelo: tu capa también tiene sentido

Si te reconoces en el viajero, no tienes que quitarte la capa porque alguien te lo pida ni porque «ya pasó suficiente tiempo». Esa capa te ha protegido. Lo que sí puedes hacer es buscar lugares y personas que te den calor: alguien que te escuche sin prisa, sin juzgarte y sin decirte cómo deberías sentirte.

El duelo no avanza a empujones. Lo explico también en las etapas del duelo: no hay un orden ni un calendario que se pueda forzar. Y si lo que hoy sientes es enojo o culpa, en las 7 emociones del duelo encontrarás una forma de nombrarlas.

Si acompañas a alguien en duelo

Cuando alguien que queremos sufre, es fácil convertirse en viento sin querer: «ya no llores», «tienes que salir», «ya supéralo». Son frases que nacen del cariño, pero que suelen hacer que la persona se cierre más.

  • Escucha más de lo que hablas.

  • Pregunta cómo está, y acepta la respuesta, aunque no sea la que esperas.

  • Respeta sus tiempos: el calor funciona despacio.

  • Si su dolor no se reconoce, como pasa en el duelo silencioso, nómbralo tú: «sé que esto te duele».

Un lugar con calor para tu duelo

Si sientes que necesitas compañía para atravesar tu pérdida, puedo acompañarte en consultas de una hora, en persona en Toluca y Metepec o en línea. A tu ritmo y sin arrancarte nada.

Martha Escobedo, tanatóloga

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